dilluns, 14 d’abril del 2008

Sant Jordi

Un día cualquiera para una persona de segundo de bachillerato
Escuché que el despertador estaba sonando, eran las seis de la mañana y esto significaba que volvía a la rutina de cada lunes. Me levanté y alcé la persiana de mi cuarto, este era el momento que me gustaba más del día y siempre me quedaba un rato viendo el paisaje que se veía desde mi habitación. Hacia un día claro, sin nubes, el mar estaba encalmado y oía la gaviotas como hacían sus chillidos mientras estaban buscando peces por la superficie del mar. En ese momento otra cosa me llamó la atención, el sonido de la sirena de un barco que acababa de entrar al puerto con sus grandes cajas que estaban a rebozar de peces aún vivos, intentando escapar de las cajas mientras las gaviotas volaban bajo cerca de él para ver si podían coger algún que otro pez. En el puerto, las gaviotas humanas. Los propietarios de pescaderías ya les estaban esperando para comprar los peces. Empecé a oler a tostada, esto significaba que dentro de poco mi madre me gritaría para que bajara a desayunar. Dejé de mirar a la ventana y me puse el albornoz. Salí de la habitación. Vi a mi padre que aún estaba afeitándose y miré al reloj, como siempre iba con el tiempo justo. En ese momento mi hermano pequeño también salía de la habitación. Los dos bajamos las escaleras y nos sentamos a la mesa a desayunar, yo una tostada con queso y mi hermano un tazón de cereales. Mientras estábamos desayunando mi padre dijo: “bueno nos vemos a la hora de comer”, antes de dar la respuesta ya habíamos oído la puerta que se cerraba. Subí a mi habitación y repase para el examen que tenia al día siguiente de biología. Terminé de estudiar, dejándolo todo a punto en el momento que sonó el timbre. Miré por la ventana. Era Alba mi mejor amiga que venia a buscarme para ir al instituto. Bajé y mi madre me dió una manzana para que me la comiese a la hora de recreo, le di un beso mientras buscaba con la mirada las llaves. Llegamos al instituto y nos empezaron a mandar faena, abrí la agenda, lo ví todo rojo de exámenes y aún el profesor nos estaban mandando más trabajos. Nos quejamos pero fue en vano. Pensé que hoy tenia natación y repaso de matemáticas y no se como haría todos los deberes además de los exámenes, pensé que estábamos casi a final de curso y que solo nos faltaban tres semanas para la culminación. En estas alturas todo esfuerzo seria poco. Salí de la clase al sonar el timbre y me fui a química, por el pasillo me encontré a mis amigas, ví que alguna cosa no iba bien, siempre eran personas alegres, simpáticas y que no les preocupaba nada lo más mínimo. Esta vez, una cara seria y una frase seca y poco natural salía de su boca: “podemos hablar un momento?” En el mismo instante nos apartamos un momento de la gente, mientras me explicaba lo sucedido. Le di un fuerte abrazo para intentar calmar su dolor pero fue inútil, en sus ojos se veía aún esa expresión de tristeza, me dió rabia no poder hacer nada por ella, veía que sufría, pero pensé como tenia la agenda y lo mejor que se me ocurrió fue decir: “hasta el viernes no nos podemos ver, estoy de exámenes hasta arriba”. Me dijo que lo comprendía y no quería molestar ni pedir nada, pero me sentí muy mal, éramos lunes y hasta el viernes no podríamos hablar con calma. Entonces el profesor de química dijo que entrásemos, y todo continuó como siempre, no hicimos los deberes, nos pegó la bronca que a estas alturas del curso aún estemos allí...

Cuando llegué a casa a las dos de la tarde tuve que comer deprisa por que al cabo de una hora había que volver al instituto. Mi padre me preguntó que tal me iba el instituto y respondí que me iba bien mientras me levantaba a dejar el plato en el lavaplatos y cogía un melocotón. Lo lavé y me lo comí para el postre. Salí de la cocina, me preparé la mochila para esta tarde, cogí la maleta de natación y de repaso ya que no tendría tiempo de llegar a casa para cogerlo y me fuí.

No llegue a casa hasta las ocho y media de la noche, aún tenia que hacer los deberes y empezar a estudiar para los exámenes de pasado mañana. Abrí la lámpara del escritorio cogí el libro de biología por el tema de la fotosíntesis. Estudié hasta la hora de cenar. Comí rápido para llegar a mi habitación y así poder terminar los deberes para mañana y estudiar para el examen de biología. Cuando volví a levantar la cabeza de los libros, ya eran las once y media. Decidí irme a dormir y volví a mirar por la ventana, pero esta vez no se veía nada, todo oscuro y negro. Puse el despertador para las seis de la mañana y así repasar. Antes de irme a dormir, pienso en todo lo que echo hoy: los profesores nos exigen mucho para que vayamos a las pruebas de acceso de la universidad bien preparados… la situación de mi amiga que no puedo solucionar de ninguna manera debido a mis exámenes finales… y por ultimo me duermo repasando la fotosíntesis